miércoles, 24 de agosto de 2016

MAS HUMANAS Y MENOS PERFECTAS CADA DÍA.- POR VALERIA SABATER

Más Humanas y Menos Perfectas Cada Día

cada día más humanasMás humanas y menos perfectas cada día. Cada día las mujeres somos más humanas, yo también soy más humana, menos perfecta y sin embargo más feliz. Me he convertido en mi propia medicina, en la más importante. Tal vez sean los años, pero al final he comprendido que a esta vida llegamos para “ser” y “dejar ser”. Porque no vale la pena perderse en los otros para dejar de ser una misma, ya que quien me quiere distinta, sencillamente, no me quiere.
A menudo suele decirse aquello de que “no hay mayor sabiduría que la de conocerse a uno mismo”. Es cierto, no obstante, es más sabio aún el que conociéndose, establece una alianza fuerte con su propio ser, para dirigirse allá donde ha decidido estar en paz consigo mismo. Porque el conocimiento sin acción no tiene sentido, no es más que un capricho. Porque quien conoce sus tristezas debe hallar la valentía para aliviarlas.
Estoy despierta por dentro y por fuera, soy mi propia medicina, mi talismán, un corazón rebelde que ya no quiere amores cautivos. Somos más humanas, soy más humana, menos perfecta y más feliz. Alguien tan valiente como para amarse a sí misma cada día, libre de esas mentes pequeñas que dicen que mis sueños son demasiado grandes.
Puede parecernos curioso, pero a menudo, en el contexto del crecimiento personal hay quien afirma que las personas nacemos dos veces. La primera cuando llegamos al mundo, la segunda cuando descubrimos el dolor emocional por primera vez, la pérdida, la fractura de lo que hasta ese momento eran nuestros cimientos.
El sufrimiento es a veces la antesala de un nuevo renacimiento. Ahí donde debemos convertirnos en nuestras propias sanadoras, chamanas de la vida que con dedos artesanos remiendan y cauterizan sus propias heridas invisibles. El aprendizaje que obtenemos de ello no se olvida, nos convierte en el ser hermoso que somos ahora, más humanas, menos perfecta, más sabia.
La mujer casi siempre está supeditada a unos cánones sociales donde se le exige la excelencia. Es necesario ser una buena hija, una buena esposa, una madre perfecta y por supuesto, cuidar de esa apariencia donde la arruga, la estría, la celulitis y el kilo de más está mal visto. Solo cuando una se sabe menos perfecta y se alza orgullosamente en rebeldía frente a estos esquemas, alcanza la auténtica felicidad y nos volvemos más humanas.
Un dato curioso que se nos vende en ocasiones a las mujeres es que, a pesar de todo ello, tenemos siempre una mala imagen de nosotras mismas. Tanto es así, que basta con hacer una pequeña prueba: ponemos en el buscador “autoestima+ mujer” y encontraremos al instante miles de espacios orientados a ofrecer estrategias sobre este tema.
Se nos define a instantes como “frágiles”, más tarde como “guerreras, a continuación como afectadas por el síndrome de Wendy y al poco, como ejemplos de lucha cotidiana y como pilares de nuestras familias en el día a día. Es como si de alguna manera, la propia sociedad jugara a definirnos, cuando en realidad, las mujeres saben muy bien quiénes son, lo que quieren y cómo conseguirlo.
Sin embargo, son nuestros propios entornos sociales quienes más barreras suelen colocarnos en estas aspiraciones. En un interesante estudio llevado a cabo por la “Asociación Americana de Mujeres Universitarias” se descubrió algo interesante: una buena parte de las niñas ven reducida su autoestima cuando llegan a la adolescencia. Hasta el momento, las pre adolescentes son criaturas excepcionales, con grandes e interesantes ideas sobre el mundo y con un buen concepto de sí mismas.
Sin embargo, llegados los 15 o 16 años muchas chicas priorizan el agradar a los demás para encajar en sus respectivos contextos sociales. Ahora bien, para “agradar” es necesario encajar en unos moldes, en unos patrones estéticos.  La autoestima, obviamente, queda deshilachada a lo largo de este periodo.

Más humanas y menos perfectas

  • Es posible que durante la adolescencia nos dejáramos llevar por caprichos ajenos, pero poco a poco, aparece el filtro. Se fortalece la identidad y sabemos perfectamente qué nos llena y qué nos sobra.
  • La mujer de hoy no es una Wendy que ansía cuidar de Peter Pan. La mujer de hoy ya no cree en los cuentos de hadas ni quiere hombres inmaduros que no quieren crecer. Se quiere a sí misma, confía en su intuición, en sus instintos y se ve merecedora de alcanzar sus sueños.
  • Dispone de muchos recursos personales y psicológicos para afrontar situaciones y salir fortalecida de ellas. Porque si de algo entiende es de resilencia. Menos perfectas pero más humanas cada día.
De hecho, es posible que muchos no lo sepan, pero las mujeres han aprendido a buscar dentro de sí, como auténticas hechiceras de sabidurías ancestrales. Entienden de ciclos, de renacimientos, de perder y de encontrar, de dejar ir y saber recibir. No son en absoluto criatura frágiles, son muy humanas y afortunadamente, cada día menos perfectas.
Valeria Sabater.

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